A propósito del inicio del año escolar
En los encuentros que he tenido con maestros de diferentes lugares del país con el fin de trabajar la planificación curricular siempre surgió esta preocupación: ¿Es posible que al inicio del año escolar se sepa de antemano las unidades didácticas que se van a incluir en el programa anual?, ¿no será que estamos arrastrando las formas utilizadas en otros enfoques? En efecto, en años anteriores, en cada curso o asignatura se sabía con anticipación los contenidos que se desarrollarían durante el año escolar, a partir de los cuales, desde un inicio se generaban unidades didácticas. Para ello, lo que hacíamos era organizar bloques de contenidos por su grado de relación o complejidad, entonces cada bloque daba origen a una unidad didáctica a la que se le asignaba título, estrategias, materiales que se podían seleccionar gracias a los contenidos que se esperaba desarrollar en la unidad. A todas estas unidades se las organizaba en el tiempo y se las incluía como parte de la programación anual.
Sin embargo, en un enfoque por competencias, ¿es posible que sepamos con detalle qué unidades didácticas vamos a desarrollar durante todo el año? Si la respuesta es afirmativa estamos aceptando que es el maestro quien decide todo lo que se hará en el aula y que los estudiantes tienen que aceptar pasivamente lo planificado por el docente. Esto no sería coherente con un enfoque el que el estudiante asume el protagonismo al afrontar situaciones problemáticas y que, además deben estar vinculadas con sus expectativas e intereses. En las Orientaciones pedagógicas para el desarrollo de competencias del CNEB (Minedu, 2017) se advierte: “Hay que tener en cuenta que una situación se considera significativa no cuando el profesor la considera importante en sí misma, sino cuando los estudiantes perciben que tiene sentido para ellos”. Si al inicio del año, aún no tenemos contacto con los estudiantes, ¿cómo seleccionamos situaciones que respondan a sus intereses?
En las Orientaciones para la planificación curricular de Educación Primaria en el marco de la implementación del Currículo Nacional (Minedu, 2019) se afirma que el “El proyecto de aprendizaje necesita de la participación directa de los estudiantes en su proceso de planificación”. Y si esto es así, ¿cómo saber al inicio del año escolar los proyectos que serán planificados con los estudiantes? Es cierto que los estudiantes participan en la toma de decisiones sobre los retos que afrontarán, lo que harán para afrontar esos retos y hasta la forma como se organizarán. ¿Es posible entonces que se sepa de antemano las competencias que se van a desarrollar en cada unidad didáctica? ¿Acaso las competencias que se movilizan en un proyecto de aprendizaje no se seleccionan de acuerdo con el problema que se afrontará? Si las situaciones por afrontar son seleccionadas con los estudiantes y con ellos se decide qué se hará al respecto, es lógico que esto no lo podríamos saber al inicio del año. ¿Cómo tener una matriz como la siguiente entonces?

Esta matriz es similar en inicial y secundaria, donde, además del título y de las competencias, también se incluye evidencias, espacios y materiales. De este modo, se estaría distorsionando lo que se plantea en las Orientaciones pedagógicas para el desarrollo de competencias del CNEB: “Se favorece la autonomía de los estudiantes y su motivación para el aprendizaje a medida de que puedan participar plenamente de la planificación de lo que se hará en la situación significativa” (Minedu, 2017). Si ya todo está decidido por el docente al inicio del año escolar la participación del estudiante en la planificación curricular es nula. Es cierto que el maestro puede llevar una propuesta de proyecto para poner en consideración de los estudiantes, pero prever todo esto al inicio del año escolar no tiene mucho sentido.
El programa anual, por ser a largo plazo y por no tener mayor contacto aún con los estudiantes para seleccionar con ellos las situaciones que se afrontarán, no debería contener mucho detalle. Creo que basta con tener una matriz donde se distribuya el tiempo por periodos, en relación con los bloques de semanas lectivas, indicando los puntos de corte para la comunicación de los resultados. Hasta quizá se podría aventurar a indicar un posible número de unidades didácticas por periodo, pero sin explicitar sus detalles. Esta matriz debería estar acompañada de las necesidades de aprendizaje de los estudiantes, los grandes propósitos por alcanzar (estándares como criterios comunes) y algunos lineamientos metodológicos y de evaluación. Esa información es suficiente para saber lo que se espera alcanzar al final del año escolar. Las unidades didácticas deberían diseñarse, cuando corresponda, a lo largo de los periodos y con la participación de los estudiantes. Así la planificación sería más pertinente. Seguiremos reflexionando.
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